Que a veces me doy cuenta de que solo cuento las cosas malas.
¿Y las pequeñas cosas que nos hacen seguir adelante?
Cuando estás ahí abajo, en lo más hondo, y te das cuenta de que estás sola, completamente sola. Desarmada y triste. Sin poder más. Y sola.
Así estaba yo, todos tenemos esas semanas. Y el que diga que no, o miente, o no sabe lo que es vivir.
Y entonces llegó ella. Juro que no me había sentido tan acompañada en la vida. Llegó por sorpresa, recorriendo 300 kilómetros en tren solo para estar conmigo. Por mi. Y yo aún no sabía lo que era sentirse querida, menos mal que llegan persona que te lo demuestran. Sabe cuando estoy mal antes de que se lo diga, sabe lo que pienso, lo que siento, sin necesidad de palabras. Que hemos pasado las mejores cosas y las peores cosas juntas. Ya nada nos puede. (Espero.)
Realmente solo puedo decirle gracias,
y qué corta me quedo.
Ella me ayuda a levantarme siempre, y yo intento hacer lo mismo. Es una amistad de las de verdad.
Solo quería desearos a todos que encontréis a alguien así en vuestras vidas.
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