domingo, 29 de diciembre de 2013

Al cielo ni de lejos, al infierno por atajos.

Es jodido echar(te) de menos. Por que no sé en que momento se terminaron las caricias por la espalda y tus labios en mi clavícula. Cuando el tiempo nos era escaso, las 24 horas del día. Podía decirte que no hacía falta que te quedaras, aún sin saber como continuar si te ibas. Y me daba por pensar en lo grande que es el universo, pero en lo pequeño que se hacía cuando me sonreías antes de tumbarte a mi lado. Ojalá te dieses cuenta. Pero lo hicimos mal, como el sol con la nieve. Y es que yo no entendía como se podía terminar si a mi me parecía aún el comienzo. Aún noto el sabor de la sangre tras los besos. El sonido desde tu boca diciéndome adiós. Como tantas otras veces, pero no sé por qué, supe que era el de verdad. Y me morí un poco más por dentro. Ya eran demasiados disparos en mi corazón. 
Y de repente la vida me pareció la forma de morirse más cruel y larga.

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