Veremos si hoy trae la suerte tu llamada en mi ventana.
Allí
estábamos, los dos solo debajo del muérdago. Era el momento, aun que yo aun no
estaba preparada para pedirle salir, debía hacerlo. Tenía que hacerlo.
-Bueno..., quería... decirte..., intentar... -durante todos aquellos años no me
había parado a pensar en el mérito que tenían los chicos: lo de declararse era
una tortura.
+Ei,tranquila,quieres salir conmigo?
¡Guau!, que fácil. Por suerte él había captado la indirecta.
-Sí! Claro que sí!
Nos sonreíamos mutuamente y él dio un paso al frente y me abrazó por la
cintura. Entonces recordé una cosa. Señalé el muérdago, que seguía sobre
nuestras cabezas:
-No estaría bien romper una tradición navideña.
Se inclinó hacia delante, y yo ,en vez de quedarme helada o salir huyendo, me incliné
hacia él mientras me besaba. Llevaba todo el año esperando aquel momento.
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