lunes, 16 de julio de 2012

Veremos si hoy trae la suerte tu llamada en mi ventana.


Allí estábamos, los dos solo debajo del muérdago. Era el momento, aun que yo aun no estaba preparada para pedirle salir, debía hacerlo. Tenía que hacerlo.
-Bueno..., quería... decirte..., intentar... -durante todos aquellos años no me había parado a pensar en el mérito que tenían los chicos: lo de declararse era una tortura.
+Ei,tranquila,quieres salir conmigo?
¡Guau!, que fácil. Por suerte él había captado la indirecta.
-Sí! Claro que sí!
Nos sonreíamos mutuamente y él dio un paso al frente y me abrazó por la cintura. Entonces recordé una cosa. Señalé el muérdago, que seguía sobre nuestras cabezas:
-No estaría bien romper una tradición navideña.
Se inclinó hacia delante, y yo ,en vez de quedarme helada o salir huyendo, me incliné hacia él mientras me besaba. Llevaba todo el año esperando aquel momento.

 

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